De cómo caí en la cuenta de que estaba procrastinando
Tengo tres importantes exámenes la semana que viene. Llevo más de dos semanas en las que todo mi tiempo útil ha estado dedicado a ellos. Sin embargo, todavía no he empezado a estudiar. Nadie sabe que esto es así (y en cierto modo, ha sido así siempre).
Mi familia me ve encerrarme a todas horas en mi habitación, o marcharme días enteros a la biblioteca. Mi novia me espera religiosamente hasta las últimas horas del día para poder estar un rato conmigo sin por ello interrumpir mi presunta tarea. Cada vez que me preguntan: “¿qué tal van tus estudios?” o “¿has estudiado mucho hoy?”, yo respondo con equívocos, del tipo “van bien, pero tengo que ponerme más en serio”, o “son un aburrimiento, de momento hago lo que puedo y no sé cómo me va a ir”.
Tengo veintiséis años, una edad lo bastante elevada como para haber superado ya todos los problemas de vagancia y de inmadurez, en particular habiendo pasado una buena parte de mi vida estudiando. Eso pensaba yo, eso era lo que me atormentaba: el hecho de estar terminando la carrera y ser tan irresponsable o más que en los primeros años. Hace pocos días, en mi diario, (un diario es una herramienta de incalculable valor para un procrastrinador, aunque suele estar sometido a un contenido muy voluble, ya que a menudo se procrastrina también el hecho de escribir en él), escribía lo siguiente:
“¿Qué me ha pasado? No lo sé. De pronto, soy incapaz de todo. La excusa de astenia primaveral es, a nivel de fechas, no coincidente. Decir deprimido sería todo lo contrario a mi situación de hoy (si bien otras veces se reveló la explicación perfecta para este mismo problema). Perezoso es una palabra que me da demasiado asco para usarla de mí mismo, y sin embargo la que más se aproxima a mi realidad – sin con todo llegar a definirme. Soy perezoso, en efecto, cuando estoy en desacuerdo ontológico conmigo mismo –toma ya: la pereza siempre se vale de grandes artimañas para esconderse. Soy, pues, perezoso, una alimaña, un vago. Porque he malogrado todos los caminos iniciados. Por esto mismo me siento incapaz de todo, pues ¿qué voy a dar yo, que en toda mi vida al final no he producido nada, a pesar de tantos propósitos brillantes y energía derrochada?“
Este sentimiento de culpa es de la clase con la que todos los procrastrinadores lidiamos. El resto de la sociedad contribuye a generarnos esta culpa y desprecio de nosotros mismos, pues se da por supuesto que llegar tarde a una cita o dejar que pase el tiempo que había destinado para algo son síntomas de desidia, vagancia, incompetencia, falta de seriedad. En seguida se tacha a los procrastinadores como personas indisolublemente vinculadas a estos defectos, que sin embargo nunca coinciden con los verdaderos atributos de la persona en cuestión. Esto era algo que inconscientemente sabía, pero necesitaba conocer esta palabra (procrastrinar) para descubrirme portador de un mal de dimensiones reales, para conocer el rostro del enemigo invisible que durante toda la vida ha estado apartándome, uno tras otro, de todos mis objetivos.
Éste es un mal sin comienzo. De pequeño, estudiaba los exámenes sólo la misma noche antes del examen (lo hacía a escondidas con una lámpara que había en mi cama, desde que a los ocho años me la regalaron). El día en que salí de casa a la misma hora que, a varios kilómetros, había quedado, no sufrí un retraso, sino que estaba descubriendo un sino maldito que me produciría broncas con amigos, problemas en el trabajo, la ruina absoluta de muchas citas amorosas tras la primera noche, y una fama conocida en todos lados.
Siempre que me he presentado a un examen he dispuesto de menos tiempo que el resto de la clase. En el colegio, me dejaron varios días castigado en una sala en lugar de ir a clase, porque el jefe de estudios, que vigilaba la puntualidad, se creía directamente que me estaba riendo de él.
La procrastrinación (sin conocerlo, así lo había entendido ya) opera al modo de un mecanismo de defensa freudiano. La fuerza del subconsciente es enorme sobre la voluntad, y en este caso sustrae la atención de la tarea que nos preocupa, y la sustituye por atención a cualquier otra cosa de nuestro interés, para sí alcanzar un equilibrio emocional inmediato (a costa de hipotecar el equilibrio de más adelante).
Una persona puede, de este modo, dilapidar temerariamente un tiempo precioso que necesita para algo importante de su vida, sin ni siquiera darse cuenta de que lo hace, incluso convencido de que está actuando bien.
Pero a veces la procrastrinación adquiere mecanismos más complejos que la mera postergación de actividades o sustitución de éstas. En mi caso me vi simultaneando un año entero dos carreras cuando ya tenía serios problemas para acabar una de ellas (que al final es la única que he estudiado). Este sobreesfuerzo me provocó una crisis de ansiedad de la que tardé meses en reponerme.
A menudo, el deseo de liberarnos del estrés de una actividad que requiere nuestra atención nos adentra por un camino nuevo, que acaba generando nuevas actividades que nos generan otro estrés añadido. El problema, en lugar de ser solucionado, genera un problema nuevo que a menudo hace imposible recordar cuál es el verdadero problema que debemos afrontar, o lo dificulta excesivamente.
Estoy procrastrinando ahora mismo mientras escribo esto (en lugar de estudiar). Me di de alta en procrasting.org para contar mi experiencia, por si a alguien le sirve de ayuda. Ahora bien, no comparto todos los objetivos que esta organización persigue. Porque en mi opinión, si se diera un plazo especial a los procrastinadores el problema que tendríamos para respetarlo sería exactamente el mismo.
Me gusta la idea de saber que éste es un problema con nombre, y que si hasta ahora no he sabido corregir algo que me ha hecho pasar muy malos momentos es porque estaba luchando con un diagnóstico equivocado. Porque ni soy perezoso, ni soy vago, ni estoy deprimido, simplemente procrastrino.
Quiero comprensión, quiero ayuda, quiero dejar de hacerlo, quiero salir de aquí. Porque este problema no es un juego, porque he dejado pasar grandes oportunidades de la vida y quiero que esto deje de ocurrir. Seamos libres para procrastinar, porque sólo entonces seremos también capaces de dejar de hacerlo. Mientras tanto, cargamos con un problema, que puede ser incluso una enfermedad. Y ahora voy a ver si estudio algo…





















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1zucaritas
Escrito 27 June 2009 a las 0:58
estoy totalmente de acuerdo con cada una de las palabras que tan bien has redactado
has descrito practicamente mi situacion actual y me siento muy identificado contigo
pienso que la procrastinacion no trae mas que problemas en la vida cotidiana, quiza porque la sociedad no esta preparada para nosotros o simplemente porque las reglas estan mal escritas
espero leerte mas a menudo
un saludo
2Monik
Escrito 2 July 2009 a las 18:09
Impresionante. yo lo unico que he conseguido cambiar es la puntualidad. menos para el trabajo (que no lo he conseguido). me obligo a salir de casa siempre 1 hora antes, sea donde sea, lo que significa que a veces espero 40 minutos y otras solo 30, ademas apuro hasta el ultimo minuto de esa hora (procastinando, claro) y salgo siempre a medio arreglar. me termino de pintar en el coche, me peino por el camino y me ato los zapatos, y luego espero 40 minutos, porque nadie es puntual. y llegan todos tan relajados.
me planteo pasar de la puntualidad y procastinar media horita mas… una cosa que controlo y no sirve para nada… pues me voy a relajar, jeje
3Maqueijan
Escrito 2 July 2009 a las 20:08
Muy bueno, si señor.
Os puede parecer coña, pero es verdad. Yo llevo meses intentando ponerme en orden para procrastinar lo menos posible, ya que vivo sólo y os podéis imaginar como tengo la casa. Pero cada vez que me lo planteo me surge algo que me enreda y me vuelvo a sumir en el caos.
4epyblast
Escrito 3 July 2009 a las 11:10
El problema lo tienen los demás en realidad. Las personas que no procrastinan suelen ser unos becerros, y sus mentes son estrictamente booleanas. Además de llegar pronto, o tarde, existen otros valores, como llegar un rato después, o llegar después de hacer unas cosillas, o simplemente llegar cuando se ha podido XDDD
Si, esto debe ser una enfermedad a la que hay que buscarle cura XDD
5alvaro
Escrito 3 July 2009 a las 11:48
pongámonos a estudiar/trabajar
6Danielovich
Escrito 4 August 2009 a las 21:14
Muy largo, ya lo leo mañana…
7Carlangas
Escrito 2 September 2009 a las 0:12
De agradecer tu entrada, excelente post. Al menos entrar aquí sirvió de algo.
Y aprovecho este hueco para soltar mi opinión sobre los creadores de este reclamo comercial (¿org?).
La ironía y la risa es muy sana… cuando es sana. Pero si se utiliza un problema de comportamiento - que puede llegar a tener consecuencias muy graves - como excusa para montar una verbena y que resulta ser una campaña publicitaria, de risa sana más bien poco.
Con despropósitos de este calibre, les veo capaces de frivolizar con la esclerosis múltiple para revolucionar las campañas de movilidad. Con buen rollito, eso si.
Lamentable lo de algunas agencias.
8aida
Escrito 27 September 2009 a las 20:20
Con lo irónico que me resulta, encontré esta página mientras procrastinaba…
Muy bueno tu post, me identifico al 100. Soy hasta hoy consciente de mi condición.
Y secundo la opinión de Carlangas completamente!
9Bel
Escrito 21 December 2009 a las 23:24
Ni siquiera sabía que mi cuadro psicológico tenía nombre, yo estaba buscando información sobre la vagancia y sus complejidades y he llegado aqui. Porque yo, en realidad me considero hiperactiva, pero solo mentalmente, soy incapaz de materializar, de pasar a la accción y siempre soy la menos productiva en cualquier curro, actividad o juego. Lo de llegar tarde también es un problema para mí y para mis amigos…
También mei dentifico con lo de hacer otras cosas para desestresarse de la primera…es un horror!
Qué quería decir Carlangas con lo del reclamo comercial, es que acabo de aterrizar en este tema.
Un saludo, Bel
10Miguel Ángel
Escrito 11 January 2010 a las 21:05
Te respondo Bel.
Se supone que esta página ha sido una mera campaña de marketing para una página web de reserva de hoteles en el último momento (hotelonia).
Supongo que ya lo habrás encontrado, haciendo uso de tu procastinación
El caso es que me siento muy identificado con el texto y saber que ésto es meramente publicitario me deja un mal sabor de boca.
No sé cual es la solución para dejar de procastinar (porque saber que hay más como yo, la verdad no sé si me ayuda), pero seguramente las palabras “constancia” y “esfuerzo” estarán ahí cuando la solución llegue. Y supongo que si se quiere conseguir algo (lo que sea) en esta vida, se necesita de estas dos últimas.
11Gabriel
Escrito 14 July 2010 a las 14:42
Bueno, yo soy el autor del texto.
Cuando lo escribí no sabía que esto era una campaña publicitaria. Supongo que si alguien se sintió identificado con mi caso es porque se trataba de un caso auténtico, desprovisto de cualquier interés comercial o de otro tipo, al igual que otros hay, creo recordar, en esta misma web.
Porque esta página permitía la opción de colgar entradas a cualquiera que quisiese, y sin duda esta decisión fue muy inteligente. Toda la campaña en general me parece que fue interesante. Lo curioso es que llegó a tocar un tema no especialmente tratado, y que hubiera sido más adecuado para un estudio psicológico que para una campaña de promoción.
Un saludo a todos.
PD: sigo demorando en exceso mis obligaciones… no sé si algún día lo superaré.